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A exceso de felicidad
Esta mañana salí de
casa algunos minutos más tarde que lo acostumbrado. El frío ya provoca que me
duela un poco la rodilla. Es un dolor de esos que evocan añejos recuerdos.
La puerta de la cochera necesita urgente un ajuste reparador y
algunas gotas de aceite en el mecanismo también son necesarias. Casi
inconscientemente este nuevo proyecto va a parar a la lista de cosas por hacer
y seguramente también a la lista de cosas por olvidar.
De un tiempo a esta
parte es increíble la cantidad de propósitos que se me van quedando en el
olvido.
En cambio, ya ven un
simple dolor es capaz de evocar con mucha fuerza un antiguo recuerdo, de esos
que por lejanos a veces damos fácilmente por perdidos y olvidados para siempre.
Pero no, tus
recuerdos no... Los tuyos no... Al contrario a veces incluso, me da por pensar
que tus recuerdos crecen y se ensancha más en mi memoria con los años.
Y como no evocarlos,como no rescatarlos de vez en cuando,si fue entre tus calles,
Valparaíso de mis
momentos, en donde “corretié” a mi infancia coleccionando vivencias.
Entre tus
calles, mis sueños mejores se forjaron, bajando de dos en dos los escalones y
mirando al mar...
Y serían Luego tus noches, tus locas noches
entre cerros coloridos, las cómplices de mis imprudencias.
Los perros porteños
como testigos acusadores a ladridos despertaban a las vecinas, las que
magullando una grosería se volteaban del revés y se volvían a dormir.
Una de ellas, la más
bella,cerrando la ventana con la mitad de una sonrisa complacida forjada en la clandestinidad,
también se disponía a soñar la madrugada entre sábanas
arrugadas...
En motocicleta me
lleva el recuerdo ahora, cerro abajo, zigzagueando tarros y letreros... y
atropellando baches...
Los 100 centímetros cúbicos " pinchados", que
llevaba entre las botas y los “Lewis” gastados, bramaban con fuerza insultando
al silencio por el escape libre de mi Yamaha 100 de cinco velocidades.
Mi juventud, mi
preciada y corta juventud, viajaba conmigo a horcajadas sobre mis hombros...Los
ojos rasgados,la bufanda al viento, los brazos abiertos gritando su nombre... mientras la brisa marina nos despeinaba los sentidos y se robaba su
fragancia... La otra mitad de una sonrisa complacida, se aferraba juguetona de
un incipiente bigote juvenil. Y
quizás, en alta mar un mercante marinero se rascaba la frente, bajo su gorro de
lana de color azul marino.
Fue una noche de esas
mágicas aquella, pero maldita a la vez, ya que el diablo, como yo, también
andaba afuera entre los cerros porteños torciendo los destinos, me vio
seguramente, bajando tan raudo y feliz por la calle toda mía, que por envidia
me eligió.
Fue saliendo de la curva esa que tomé con la
moto acostadita cuando me tendió su trampa... al enderezar un bache creció y
creció y creció... Tanto, que de pronto abrió sus fauces y se convirtió en
plena calle, en un inmenso cauce destapado...
Tal vez, no fue muy buena
idea Zigzaguear letreros, pensaba
mientras volaba por los aires hacía un incierto y forzoso aterrizaje.
Desperté cuando una
micro verde mar, seguramente la última de la noche,circulaba muy despacio cerro
arriba, mirándome con sus innumerables pares de ojos curiosos e
incriminatorios...Les devolví la mirada desde mi camilla Metálica,implorando
lástima, aunque sea por mi bota ensangrentada, pero no la conseguí...
Al voltear
la cabeza y por entre las piernas del camillero, divise a la Yamaha 100 de cinco cambios, que algunos
metros más allá, se debatía entre las colillas,
mientras un oficial sin sentimientos la apresaba sin piedad arrastrándola hacia
la orilla...
Mi juventud, que salió
ilesa cabizbaja se vino conmigo en la ambulancia, sintiéndose culpable...
De aquel
desafortunado episodio, contar queda que mi rodilla y la Yamaha de cinco
velocidades, se llevaron la peor parte, no así el mecánico de cabecera de esta,
que sin duda se llevó la mejor.. Mi
padre, pobrecito, sin tener arte ni parte, por ser por aquel entonces, único sponsor de mi juventud, se tuvo a regañadientes que poner con una gran parte,
para pagar el arreglo, las lesiones,las botas nuevas y también el “manso
parte”... que tan injustamente me cursaron, por zigzaguear letreros, por exceso
de felicidad con escape libre, por vuelo no autorizado en zona de baches y por
conducir bajo los efectos embriagadores de los besos clandestinos, de mujer
ajena...
Mi juventud confesa,
resultó culpable de todos los cargos, pero no quiso arrepentirse y al tiempo se
dio a la fuga,llevándose mi media mitad
de sonrisa complacida, y dejándome a cambio este recuerdo, que es así como para
siempre y un dolor en la rodilla que me vuelve cuando el frío...
Que recuerdos...,quizás algo tristes y un poco dolorosos, pero tuyos...cosas que pasaste que sin duda forjaron parte de tu comportamiento de adulto..y pienso así porque me algo parecido me sucedió...No tenía aun edad para portar carnet de conducir y un día saque el auto y me fui a una zona céntrica donde el resultado fue un choque...no recuerdo ni el dolor del golpe que me llevé,..me duele recordar a mi padre, el hombre mas correcto que he conocido en mi vida, tratando de pagar al fiscal para que no me pasara nada por no tener licencia y que el fiscal rechazara ser comprado...su cara de verguenza jamás la olvidaré….al pasar los años aún me duele haber sido causante de ello…quizás si me hubiera dado una paliza recordaría mas los golpes, pero no…solo ocultó su cara y salimos..no me habló en días pero supe por mi mamá que se sentía mas preocupado por lo que me hubiese pasado a mi..
ResponderSuprimirYaaaaaaa, listo!!!..que casi hice un post en vez de un comentario..besos
Guauuuuuu! Mireya, gracias que hermoso comentario, muchas gracias. Honrado me siento que mi post se haya convertido en tu pequeño dolorcito en la rodilla y que invocara en ti ese hermoso recuerdo .. Es una bella historia que sin duda, pienso tienes que convertir en un futuro post y contarla.
ResponderSuprimirAdemás, que tiene todos los elementos que la hacen interesante y sobre todo, ese gran trasfondo que es el inmenso sacrificio que hicieron, hacen y hacemos los padres por lo general, por los hijos y sus problemas... los cuales a veces no lo ven y no lo valoran sino, hasta mucho después cuando a veces ya es demasiado tarde para agradecerles... En fin gracias otra vez...
Haa! me olvidaba ,estos recuerdos no son para nada tristes, al contrario, son entrañables de un tiempo hermoso vivido "a todo trapo" y del cual quizás tenga cosas de que arrepentirme, (señal inequívoca de que lo viví y lo disfruté mucho), pero que ahora en edad madura lo recuerdo con cariño, pero sin pena...Cada tiempo, cada etapa de la vida nos entrega día a día nuevas vivencias maravillosas para ser feliz... Ahora por ejemplo, mientras escribo, mi nieto el mayor, sentado a mis pies se pelea con un rompecabezas y el más pequeño, persigue a la Chihuahua Lilly, para tirarle la cola... Un abrazo